Todo empezó en el año de 1172 con una herencia de sesenta monedas de oro. Al morir, la viuda Berta de Bernardo dejó esta cantidad para comprar los materiales que sirvieran a la construcción de un campanario en un terreno detrás de la Catedral de Pisa, en Italia.

Los trabajos iniciaron el 9 de agosto de 1173, pero cinco años más tarde y con solo dos plantas construidas, los ingenieros medievales detectaron un grave error de cálculo: los cimientos tenían muy poca profundidad y debido a la inestabilidad del terreno arcilloso, la estructura se inclinaba. Tuvieron que detener la obra 100 años.

Para 1272 se añadieron cuatro pisos más, el séptimo en 1319 y finalmente, después de dos siglos, fue colocada la cámara de las campanas en 1372, alcanzando una altura de 56.4 metros

La respuesta llegó este año, gracias al análisis de George Mylonakis, especialista en ingeniería de terremotos de la Universidad de Bristol, Inglaterra, junto con un equipo de 16 ingenieros civiles. Todo se debe según sus cálculos a un fenómeno físico estructural conocido en ingeniería como efecto de interacción dinámica suelo-estructura (IDSE). 

Cuando ocurre un temblor, el edificio y el suelo vibran al mismo tiempo, interactuando entre sí por medio de los cimientos. Bajo condiciones normales, los cimientos son los encargados de soportar el peso muerto del edificio, y transmitir esta carga al suelo. Durante un terremoto, los cimientos transmiten el movimiento del suelo al edificio, y a su vez las vibraciones del edificio las transmiten al suelo. Por tanto, el grado de influencia del IDSE dependerá de la rigidez del suelo, las características del edificio y el tipo de cimientos que tenga. 

Todo parece indicar que la Torre de Pisa ha sobrevivido gracias a que los efectos del la IDSE han encontrado un punto de equilibrio extremo entre la rigidez, peso y altura del edificio con los cimientos y lo blando del terreno, provocando que las vibraciones del edificio no reboten con el movimiento del suelo con la misma intensidad durante un terremoto.

Después de muchos trabajos a lo largo de los años, tal parece que la Torre de Pisa dejó de inclinarse desde hace una década –su inclinación estimada actual es de 3.9 grados–, y se estima que podrá sostenerse otros dos siglos más.

Aunque los historiadores no han logrado identificar a los responsables originales de la obra, lo cierto es que a pesar del error cometido se trata de un edificio notable en su arquitectura para la época en la que fue erigido. 

El peso de 14 mil 500 toneladas métricas haría que el edificio se pudiera inclinar hasta 5.5 grados, y a pesar de numerosos intentos por corregir esta falla –que lo único que consiguieron fue empeorar el problema–, la estructura ha permanecido de pie durante más de 600 años, aun con los fuertes terremotos que han ocurrido en la península italiana.