Mitos y Leyendas

LA CAMPANA 🔔 DE CUNDUACÁN

Según un mito muy divulgado, el pueblo viejo de Cunduacán se hundió por la venganza que un brujo chamula arremetió sobre uno cunduacano, convertidos en culebra y rayo respectivamente.

Corría el año de 1550 y se dice que los supervivientes a esta catástrofe emigraron para fundar la actual ciudad, cerca del río Tiatula. Sucedió como sigue: los dioses aztecas dotaron de poderes a un pájaro tabasqueño, para que al paso de la tribu cunduacana los detuviera en el lugar destinado para fundar su pueblo. En este sitio mítico se hallaba enterrada una enorme campana de oro, que desde hacía siglos esperaba la llegada de dicha tribu. Sin embargo, la leyenda escondía una cláusula que decía lo siguiente: “cuando alguien trate de sacar de su prisión esta campana el pueblo se hundiría de manera catastrófica”.

Ocurrió que el brujo de los cunduacanos se enfrentó al de la tribu chamula por aquellos terrenos. Tras una larga batalla el jefe cunduacano fue derrotado y el lugar quedó convertido en una gran laguna que dejó al descubierto la preciada campana de oro. Los chamulas tomaron velozmente la áurea campana y se la llevaron hasta su lugar de origen, en el Estado de Chiapas. Para trasladarla construyeron un túnel y una vez en casa, colocaron su botín en medio de dos cerros.

Como advertía la consigna, el viejo pueblo de Cunduacán se hundió. Los cunduacanos sabiendo que habían perdido para siempre aquella reliquia de oro, que por cierto nunca lograron ver, tomaron sus pertenencias y huyeron. Tiempo después, se establecieron entre los pueblos hermanos de Cuculteupan y Cimatán, en unos terrenos baldíos. Allí construyeron sus chozas y cultivaron la tierra, hasta convertirse en los mayores productores de caña y cacao de la región, por lo que el pueblo fue llamado la Atenas de Tabasco. Durante este tiempo, cada una de sus noches, los cunduacanos escuchaban las misteriosas llamadas que lastimeramente hacía la campana de oro; su dulce teñido se escuchaba como presagio divino de los dioses, desde ese lejano lugar donde se encontraba prisionera. Hay quien dice que fue la campana de oro la que fertilizó sus campos con los destellos dorados que emitía porque, en realidad, nunca los abandonó.